

Todos juegan a la vez: soltar cartas en el centro a la velocidad del rayo. Ritmo, visión de conjunto y manos ágiles.
Nada de esperar turnos: ¡todos juegan al mismo tiempo! En el centro de la mesa crecen montones de números del 1 al 10 por color; cada uno intenta colocar cartas de su reserva lo más rápido posible donde encajen. Cuando alguien grita «¡Ligretto!», la ronda termina y se hacen cuentas.
Ligretto exige atención dividida como casi ningún otro juego: vigilar el centro, gestionar la propia reserva y coordinar las manos, todo a la vez. La velocidad de búsqueda visual y la coordinación ojo-mano se entrenan bajo una adrenalina amistosa, en rondas de diez minutos.
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